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El hombro es considerado una de las regiones más complejas y meticulosas de nuestro cuerpo a la hora de hacer un diagnóstico y tratamiento correctos, en este caso ya sea quirúrgico o conservador. Existen tres tipos de disfunciones: patológicas, sensitivas y motoras.

Terapia de hombro

A nivel de una disfunción patológica, en primer lugar, debemos de tener en cuenta las numerosas estructuras que conforman dicha región, pero también debemos de tener en cuenta otras regiones como la columna cervical y dorsal en algunos casos relacionadas con dolores de hombro y viceversa. Nombraremos algunas estructuras de la articulación del hombro como el tejido tendinoso, el tejido óseo, el tejido muscular, la capsula articular o la bursa (bolsa sinovial) entre otras. Para ello y con el fin de descartar una alteración grave, debemos visitar a un traumatólogo, que se encargará de orientar cual es el tratamiento más adecuado, ya bien sea un tratamiento quirúrgico, farmacológico o conservador.

El profesional sanitario de elección para realizar un tratamiento conservador será el fisioterapeuta, ya que, a través de la propuesta realizada por el traumatólogo y su propia valoración, planteará un escenario de tratamiento basado en la recuperación del tejido o tejidos afectados mejorando así su fisiología y su funcionalidad, con el objetivo de lograr una buena autonomía en las actividades laborales, deportivas o de la vida diaria. La valoración del fisioterapeuta se basará en la recogida de información reflejada en una historia clínica individualizada, donde se anotará con detalle todo lo que el paciente nos manifieste, para posteriormente realizar una valoración funcional mediante test ortopédicos. El razonamiento clínico que se obtendrá será de vital importancia tanto para determinar un diagnóstico como para plantear un tratamiento individualizado acorde con lo mencionado anteriormente.

También seria importante hablar de la disfunción sensitiva. A menudo relacionamos dolor con daño en el tejido, pero sabemos que no siempre es así. Pensemos en la cantidad de veces que hemos tenido golpes sin darnos cuenta (daño sin dolor) o dolores sin lesiones previas (dolor sin daño). El problema surge cuando un dolor se mantiene en el tiempo, provocando lo que llamamos sensibilización. Esto quiere decir que todos los nervios de una determinada zona están más sensibles y transmiten más información de lo habitual. Es como si hubiéramos regulado un sensor en una habitación y la alarma saltase porque el viento ha movido la cortina. En muchos de estos casos, además, se dan una serie de circunstancias que favorecen la amplificación del dolor.

En cuanto a la disfunción motora, es importante detallar la necesidad en cualquier lesión de hombro del correcto funcionamiento de la musculatura. Dicho esto, cualquier alteración motora puede provocarnos desde problemas de estabilidad en la articulación, compensaciones, déficit en el movimiento, pérdida de fuerza muscular e incluso dolor. Para ello, es necesario una actividad muscular optima con una buena capacidad de contracción. Por lo tanto, el control motor se define como la capacidad que tenemos para realizar un movimiento especifico o mantener una postura. Es de suma relevancia a la hora de evaluar y tratar una disfunción de origen motor.

Tras escuchar, valorar, explorar y determinar un razonamiento clínico adecuado con toda la información recogida, el siguiente paso seria plantear un tratamiento individualizado acorde con la información proporcionada y con las características del paciente, siguiendo un modelo biopsicosocial donde todos los aspectos que relacionan al paciente se tengan en cuenta.

El hombro es considerado una de las regiones más complejas y meticulosas de nuestro cuerpo a la hora de hacer un diagnóstico y tratamiento correctos, en este caso ya sea quirúrgico o conservador. Existen tres tipos de disfunciones: patológicas, sensitivas y motoras.

A nivel de una disfunción patológica, en primer lugar, debemos de tener en cuenta las numerosas estructuras que conforman dicha región, pero también debemos de tener en cuenta otras regiones como la columna cervical y dorsal en algunos casos relacionadas con dolores de hombro y viceversa. Nombraremos algunas estructuras de la articulación del hombro como el tejido tendinoso, el tejido óseo, el tejido muscular, la capsula articular o la bursa (bolsa sinovial) entre otras. Para ello y con el fin de descartar una alteración grave, debemos visitar a un traumatólogo, que se encargará de orientar cual es el tratamiento más adecuado, ya bien sea un tratamiento quirúrgico, farmacológico o conservador. El profesional sanitario de elección para realizar un tratamiento conservador será el fisioterapeuta, ya que, a través de la propuesta realizada por el traumatólogo y su propia valoración, planteará un escenario de tratamiento basado en la recuperación del tejido o tejidos afectados mejorando así su fisiología y su funcionalidad, con el objetivo de lograr una buena autonomía en las actividades laborales, deportivas o de la vida diaria. La valoración del fisioterapeuta se basará en la recogida de información reflejada en una historia clínica individualizada, donde se anotará con detalle todo lo que el paciente nos manifieste, para posteriormente realizar una valoración funcional mediante test ortopédicos. El razonamiento clínico que se obtendrá será de vital importancia tanto para determinar un diagnóstico como para plantear un tratamiento individualizado acorde con lo mencionado anteriormente.

También seria importante hablar de la disfunción sensitiva. A menudo relacionamos dolor con daño en el tejido, pero sabemos que no siempre es así. Pensemos en la cantidad de veces que hemos tenido golpes sin darnos cuenta (daño sin dolor) o dolores sin lesiones previas (dolor sin daño). El problema surge cuando un dolor se mantiene en el tiempo, provocando lo que llamamos sensibilización. Esto quiere decir que todos los nervios de una determinada zona están más sensibles y transmiten más información de lo habitual. Es como si hubiéramos regulado un sensor en una habitación y la alarma saltase porque el viento ha movido la cortina. En muchos de estos casos, además, se dan una serie de circunstancias que favorecen la amplificación del dolor.

En cuanto a la disfunción motora, es importante detallar la necesidad en cualquier lesión de hombro del correcto funcionamiento de la musculatura. Dicho esto, cualquier alteración motora puede provocarnos desde problemas de estabilidad en la articulación, compensaciones, déficit en el movimiento, pérdida de fuerza muscular e incluso dolor. Para ello, es necesario una actividad muscular optima con una buena capacidad de contracción. Por lo tanto, el control motor se define como la capacidad que tenemos para realizar un movimiento especifico o mantener una postura. Es de suma relevancia a la hora de evaluar y tratar una disfunción de origen motor.

Tras escuchar, valorar, explorar y determinar un razonamiento clínico adecuado con toda la información recogida, el siguiente paso seria plantear un tratamiento individualizado acorde con la información proporcionada y con las características del paciente, siguiendo un modelo biopsicosocial donde todos los aspectos que relacionan al paciente se tengan en cuenta.

Hablaremos a continuación de los métodos que utilizamos para lograr una recuperación de las disfunciones mencionadas anteriormente.

  • Terapia Manual: Como su propio nombre indica, son maniobras que realizamos manualmente, con el fin de provocar un efecto neurofisiológico (analgésico) o una mejora en el rango del movimiento de la región afectada o incluso de otras regiones que influyen en el proceso patológico. En concreto en la región del hombro podemos incidir en hasta cinco articulaciones. La literatura nos certifica que la terapia manual es una propuesta de elección en problemas de hombro.
  • Punción seca: es un procedimiento terapéutico invasivo de fisioterapia (por ello no se introduce ninguna sustancia) orientado a el tratamiento de los puntos gatillo miofasciales (problema muscular) provocando una disminución del dolor y una mejora de la función.
  • Ejercicio terapéutico: ejecución de una serie de ejercicios individualizados y supervisados por un fisioterapeuta, adaptados a las características del paciente y su lesión, pudiéndose hacer en un primer momento en la propia consulta para después poder hacerlos en el propio entorno del paciente. La finalidad del ejercicio es implicar de manera activa al paciente en la recuperación de su dolor, exponiéndole a realizar ejercicios y actividades mitigados por el problema.
  • Educación terapéutica en el dolor: es una modalidad en el ámbito sanitario que tiene como objetivo cambiar aquellas creencias o pensamientos que llevan a realizar conductas erróneas sobre todo en aquellas personas con un dolor prolongado en el tiempo. Así, intentamos explicar y que el paciente comprenda como se produce esa experiencia dolorosa y los factores que son capaces de influir negativamente en ella, como por ejemplo el miedo al movimiento o el catastrofismo. La literatura científica nos describe que la educación terapéutica tiene efectos beneficiosos a la hora de abordar problemas en el hombro.

Terapia de hombro